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CUANDO LOS RICOS PAGAN SU ABURRIMIENTO CON LOS SUPERCOCHES QUE POSEEN



Quién no se ha sorprendido alguna vez viendo por televisión, o por internet una noticia sobre alguna excentricidad llevada a cabo por esa clase de gente que cuando van al servicio mean petróleo o que en vez de mocos escupen billetes cuando se suenan la nariz. Y si eres ya un amante de los coches como yo, y ves esos extraños experimentos que tales personajes hacen con esos superdeportivos con el que todavía te pones palote cuando sueñas con ellos, más te sorprendes todavía; eso si no eres adicto a arrancarte los pelos de la cabeza como hace un servidor, motivo principal por el cual mi cabeza se encuentra ya algo despejada.





Tal vez, el principal motivo por el que los ricachones realizan dichas excentricidades sea más simple de la podamos imaginar; lo hacen porque pueden y porque les da la gana. Vale, sí, pero, ¿qué ganan con ello? ¿Diversión? ¿Reconocimiento? ¿Un poco de ambas cosas? Seguramente pensar en ello sea una manera muy estúpida de pasar el tiempo, pero que le voy a hacer, tengo esa extraña manía de meditar y pensar en cosas estúpidas.

Así que pensando y pensando (no más de 5 minutos, que si no es perjudicial para la salud), he llegado a la siguiente conclusión: En mi modesta opinión, lo que éstos excéntricos riquitos buscan es sencillamente ser más felices. Admitámoslo, el dinero no da la felicidad, pero ayuda a obtenerla. Sin embargo, el problema surge en relacionar exclusivamente el tener dinero con ser feliz, o dicho de otro modo, pensar que el dinero es la exclusiva herramienta que hay que usar para llegar a ser felices. 

Grave error, por mucho dinero que se tenga no se es ajeno a sufrir las causas que pueden convertirte en una persona infeliz. Y lo que son las cosas, una de éstas causas que pueden provocar infelicidad es también el mayor enemigo de esos ricos que tienen todo el dinero del mundo: me refiero al aburrimiento. Y es que muchas veces me he planteado la siguiente pregunta: ¿De qué serviría hacer rico a todo el mundo si los ricos también pueden ser desgraciados e infelices?




Vivimos en un mundo marcado claramente por la competencia. Pero no nos engañemos, hoy en día cuando la gente habla de la lucha por la vida en realidad quieren decir lucha por el éxito. Lo que se teme no es que nos falte el desayuno a la mañana siguiente, sino el ser eclipsado por el éxito de nuestros vecinos o compañeros de trabajo. A mí, lo que me gustaría obtener del dinero es tiempo libre y seguridad. Pero lo que normalmente se quiere conseguir es precisamente, más dinero, con vistas a la ostentación, el esplendor y el eclipsamiento de los que, hasta ese momento, han sido nuestros iguales.

Veámoslo así; te compras un flamante coche de alta gama, ¿a quién es el primero que se lo restriegas por la cara?. Perdón, quería decir que ¿a quién es el primero que se lo enseñas? Pues al vecino, al compañero de trabajo, o al “amigo”. Pero que le vamos a hacer, tal vez sea culpa de todos nosotros, por permitir que, aunque puede que el dinero no baste por sí mismo para engrandecer a la gente, si sea complicado ser grande si no tienes dinero. Además, ahora medimos a los cerebros por el dinero que ganan. Un hombre que gana mucho dinero es un tipo inteligente. Y si no, ahí tenemos muchos ejemplos como Aída Niza, Kiko Rivera, Ortega Cano, Belén Esteban, Paris Hilton, Lindsay Lohan, etc, etc. Todo un ejemplo de intelectualidad, sabiduría y saber estar para nuestros hijos.

Y no digo que esté mal tener éxito, todo lo contrario. Pero el éxito es solo un ingrediente de la receta de la felicidad que saldrá muy caro si para obtenerlo se sacrifican al resto de ingredientes. Y, a menos que se haya enseñado qué hacer con el éxito después de conseguirlo, el logro dejará inevitablemente al hombre presa del aburrimiento.

Ahora nos aburrimos menos que nuestros antepasados, pero tenemos más miedo de aburrirnos. El aburrimiento no forma parte del destino natural del ser humano, sino que se puede evitar si ponemos suficiente empeño en buscar excitación. Así pues el aburrimiento es un problema fundamental, ya que por lo menos la mitad de los pecados de la humanidad se cometen por miedo a aburrirse.





Existen dos clases de aburrimiento; una fructífera, y otra ridícula. La fructífera se refiere a llevar a cabo actividades que nos ayuden a ser mejor persona: la lectura, el deporte, las conversaciones con los amigos, etc. Mientras que la ridícula se basa en la ausencia de actividades vitales. Por ejemplo, un hombre puede sentirse tan completamente frustrado que no busca ningún tipo de satisfacción, solo distracción y olvido. Se convierte entonces en un devoto del “placer”. Es decir, pretende hacer soportable la vida volviéndose menos vivo buscando, por ejemplo, la felicidad que aporta el comprarse un superdeportivo último modelo o un coche “único en el mundo”. Pero ignora que ésta es una felicidad puramente negativa, ya que solo es un cese momentáneo de la infelicidad.

Por eso, desde nuestra infancia, deberíamos enseñarnos a tener capacidad para soportar una vida más o menos monótona. Los padres modernos tenemos mucha culpa en este aspecto; proporcionamos a nuestros hijos demasiadas diversiones pasivas, como televisión, videojuegos, espectáculos y golosinas, y no nos damos cuenta de la importancia que tiene para un niño que un día sea igual a otro, exceptuando, por supuesto, las ocasiones algo especiales. En general, los placeres de la infancia deberían ser los que el niño extrajera de su entorno aplicando un poco de esfuerzo e inventiva. Y si la clase media gozamos de todos esos aparatos “antiaburrimientos”, ¿que no tendrán los hijos de los ricos?

En resumen: el aburrimiento siempre ha sido la verdadera maldición de la humanidad, de la que provienen la mayor parte de nuestras fechorías. Tenemos más medios para no aburrirnos que en el pasado pero tenemos más miedo a aburrirnos. Y ese es el problema; no hay nada más desesperadamente aburrido que el temor constante a aburrirse, la obligación de hallar diversiones externas. Y salvo un puñado de personas creativas, al resto de la humanidad no le queda más remedio que fastidiar al prójimo, morirse de fastidio... o como hacen los ricos, gastar y ostentar. En fin, esperemos que internet alivie un poco los peores efectos de nuestra condición.



Comentarios

  1. Espero que no tanto como el aburrimiento de sus protagonistas... Si hablas en serio, imagino que esperabas algo más centrado en el mundo del motor, y no una nota más de tipo filosófico que emplea como ejemplo lo que sucede con los coches de los ricos. Lo siento si no te ha gustado.

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