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ATASCOS DE TRÁFICO. CAUSAS QUE LOS PRODUCEN Y SOLUCIONES PARA EVITAR SU FORMACIÓN



Los atascos y retenciones en el tráfico son, sin duda alguna, una de las mayores pesadillas que sufrimos casi a diario los conductores habituales. ¿Pero hasta qué punto somos culpables de su formación? ¿Se podrían evitar en la mayoría de los casos?


Como todos los días, la alarma de tu teléfono móvil comienza a recordarte que es hora de levantarse para cumplir con la obligatoria jornada laboral y de que hiciste mal acostándote tan tarde aquella noche. Deseando vender tu alma al diablo por un par de horas más de sueño, te acicalas, te vistes, te tomas un café y subes a tu coche rumbo al trabajo. Todo va bien y tu programa favorito matinal ya te ha arrancado una sonrisa, hasta que de repente... ¡zasca! Ahí está, ese atasco diario que se forma a la entrada de la ciudad y que de buena tinta sabes que te retrasará un buen rato. Te entran las prisas y tu humor cambia tanto que ni los chistes del programa de radio te cambian de humor.

¿No te gustaría que eso no fuera así? ¿Quién es el culpable de esos monumentales atascos; los conductores o unas infraestructuras insuficientes? ¿Qué medidas se podrían tomar para evitar su formación?


LA GRAN PREGUNTA... ¿POR QUÉ SE FORMAN LOS ATASCOS?




Dicen que uno de los secretos para hallar la felicidad es la de aceptar que en la vida hay factores que están fuera de nuestro alcance, por lo que no debemos amargarnos cuando por una causa ajena a nosotros ocurre algo malo, y centrarnos en lo que depende de nosotros mismos. Pues bien, con los atascos ocurre lo mismo; ninguno de nosotros tiene la culpa de que se originen, ¿o sí?

Vayamos por partes. Cuando los atascos se forman en las grandes ciudades, el tráfico se encuentra regulado principalmente por semáforos, que son los grandes causantes de su formación, así que poco o nada podemos hacer en estos casos que no sea fomentar el uso de transportes alternativos o públicos. Otra solución sería contar con un sistema que gestionase la regulación según las exigencias del momento, como ocurre en Tokio, o bien tirar de soluciones menos agradables como es el establecer un sistema de peajes para acceder al centro de la ciudad, o limitar el acceso a determinados vehículos según el número de la matrícula.

Sin embargo, en las autopistas y autovías es otro cantar. Aparentemente es complicado imaginar que en estas vías se forme un atasco de no ser porque se haya producido un accidente o avería, por lo que si nos ponemos en plan exigente, podemos echar la culpa a alguien que haya sufrido una avería en mitad de la calzada de no tener su coche bien mantenido, o de quienes hayan sufrido un accidente de ser muy locos al volante. Pero creo que ese sería un argumento fácil y pueril, porque nadie está libre de sufrir un percance por muchas precauciones que tome.

De modo que descartando todas estas variables, sólo nos queda la opción de la densidad del tráfico, es decir, cuando el número de vehículos que llegan a un determinado punto se acerca o supera la capacidad que la vía es capaz de soportar. Normalmente, uno de los principales factores por el que la capacidad de la vía puede verse superada es la disminución del número de carriles, algo muy común en las vías de circunvalación.


EL EFECTO EMBUDO




¿Qué ocurre cuando quieres traspasar un líquido de un recipiente a otro con un embudo y vuelcas dicho líquido de forma brusca? Exacto, que el embudo acaba rebosando ya que el líquido no tiene suficiente espacio para salir. Pero si en vez de esto, volcamos el líquido poco a poco, éste traspasará la boca del embudo sin ningún tipo de problema.

¿Pero es equiparable este ejemplo con lo que ocurre en la carretera? Es decir ¿Se reduciría el volumen de los atascos si circuláramos más despacio? Hace un par de años se realizó un estudio en la universidad de Nagoya (Japón) que trataba de demostrar que las pequeñas variaciones de velocidad entre vehículos y el no guardar la distancia de seguridad trae como consecuencia el atasco si la densidad de coches es elevada. Para ello, realizaron un gran círculo de 230 metros de diámetro en el que circulaban 22 coches a una velocidad constante de 30 km/h. A este ritmo, la circulación era fluida, pero cuando comenzaron a circular a distintas velocidades, se producía el embotellamiento.



De modo que si nos centramos en este estudio, lo único que hace falta para que se pueda producir un atasco es que un solo coche circule demasiado cerca de otro y tenga que frenar para disminuir la velocidad, lo que produce un efecto cadena en los vehículos sucesivos, propagándose el atasco hacía atrás de forma más rápida que la capacidad de recuperación de los vehículos que van delante.

LIMITAR LA VELOCIDAD MÁXIMA EN LAS HORAS PUNTA. ¿UNA SOLUCIÓN FÁCIL Y VIABLE?


Vale, ya hemos visto un estudio interesante sobre este asunto, aunque también es muy probable que en diferentes medios hayas visto algún post sobre este simulador de tráfico que te permite jugar con múltiples variables para comprobar de primera mano lo fácil que es originar un embotellamiento en la circulación.

En resumidas cuentas, está claro que hay factores que no podemos dominar, pero en nuestra mano sí que tenemos la opción de decidir la velocidad a la que queremos circular. El problema es que las discrepancias entre unos conductores y otros son muy grandes, por lo que no es complicado ver a conductores circulando a 70 km/h compartiendo carretera con otros que circulan a 100 km/h, y eso sin hablar de los constantes cambios de carriles.

De modo que todo parece indicar que la solución a los embotellamientos del tráfico que sufrimos día a día pasa por intentar que la velocidad de los distintos vehículos sea lo más homogénea posible, lo que conllevaría a reducir la velocidad máxima en determinadas zonas que cargan diariamente una densidad elevada de tráfico.

Lo de limitar la velocidad máxima no es nuevo, Madrid ya lo hizo el año pasado para mitigar la emisión de gases contaminantes, y en Barcelona, por ejemplo, ya se ha limitado la velocidad para atenuar el nudo que solía formarse en las horas puntas. De esta forma, a medida que los vehículos se acercan a la zona conflictiva, se va limitando la velocidad de forma progresiva, así aunque el volumen de vehículos siga siendo muy alto, no se producen atascos.

EN LA CARRETERA... BE WATER, MY FRIEND



Y llegamos al punto más complicado de este tema, llevar toda la teoría a la práctica. Porque aunque se limite la velocidad máxima en determinadas horas, está claro que si no existe una conciencia colectiva unificada en este apartado, los atascos seguirán produciéndose. Así que ahí dejo algunos consejillos para que cada uno podamos poner nuestro granito de arena en evitar que se formen atascos cuando veamos que la circulación es muy densa.

  • La distancia de seguridad: si ya es algo importante cuando no hay tráfico denso, ahora aún mas. Si la respetamos evitaremos los anteriormente citados frenazos y su posterior efecto acordeón. El problema surge con aquellos conductores que ven en este espacio su salvoconducto ideal para para apurar al máximo su permanencia en una vía que va más rápida que otra e incorporarse así en el último segundo, obligando al resto de conductores a frenar.
  • No correr mucho cuando se salga del atasco: si lo hacemos, multiplicaremos las posibilidades de que se forme un nuevo atasco al llegar al siguiente nudo. Lo mejor entonces es reanudar la marcha poco a poco y circular a una velocidad moderada.
  • No vayas haciendo eses: es algo que nos saca de quicio en un atasco, vemos que el carril de al lado va más rápido y nos entra esa ansia viva por cambiarnos a dicho carril para ganar esos valiosos metros de más, y cuando lo hacemos es el carril donde estábamos el que ahora va más rápido, por lo que nos cambiamos otra vez. Estos constantes cambios de carril injustificados no te harán ir más rápido y empeoran el efecto acordeón.
  • Cede el paso en las incorporaciones: otra cosa que nos saca de quicio es ver esos coches que se incorporan desde otra vía a nuestro carril, lo que da sensación de que no avanzas en la vida, o incluso de que estás retrocediendo, de modo que intentamos impedir dicha incorporación todo lo posible. Nada más lejos de la realidad, ya que si cada coche cede el paso al primero de la cola que se va incorporando (como si de una cremallera se tratase) la circulación será mucho más fluida.
  • Be water: "Sé agua" Tal y como decía el legendario Bruce Lee; "El agua puede fluir... y puede golpear. Ponla en una botella y se convertirá en la botella, ponla en una tetera y se convertirá en una tetera." Por eso, cuando estés en un atasco, no trates de luchar contra él, sino trata de fluir dentro de él. Quien sabe, no estaría mal que la DGT rescatara el famoso anuncio que ya hizo BMW para el X3, pero adaptado a los atascos de tráfico.


Comentarios

  1. Hace nada pusieron un radar y limitaron la velocidad a 80km/h en un tramo de la autopista. ¿El problema? Es un tramo de subida con una pequeña curva, en el sentido contrario -el de bajada- si se producen accidentes (en el de subida NO), pero al parecer la DGT ha tenido la feliz idea de limitar tanto la subida como la bajada a 80km/h, por lo tanto pasas de 120km/h a solo 80km/h en un par de metros, súmale a que es una subida con solo dos carriles y muchos coches (y sobretodo camiones) le cuesta subir y todo es ¡en la autopista! En este caso concreto estoy seguro que si la velocidad estuviera en 120km/h no habría atascos y tampoco verías a la gente frenar como locos para ajustarse a la velocidad.

    Obviamente los conductores tenemos mucha culpa pero las decisiones de la administración no se entienden.

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  2. Creo que ahí has dado con un asunto interesante. Está claro que limitar la velocidad sí que puede ser una solución efectiva en muchas vías. ¿Pero en todas? tal y como comentas, no, y ahí es donde la administración se demuestra incompetente, ya que aplica una teoría a muchos casos prácticos. Imagino que tarde o temprano comprobarán que el remedio es peor que la enfermedad y eliminarán el límite de 80 km/h, aunque en este caso, con radar por medio, parece ser que tiene más fin recaudatorio que de mejora de la circulación.
    Un saludo ;)

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  3. Yo entiendo que limitar la velocidad por abajo?, no será mejor limitar la velocidad por arriba? jjj

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    Respuestas
    1. Buenas, ante todo darte las gracias por comentar en mi humilde blog. Cuando hablo de limitar la velocidad, me refiero a la velocidad máxima. Imaginemos una vía limitada a 100 km/h, es fácil encontrarse coches que circulen en un rango comprendido entre 80 km/h y 110 km/h, lo cual facilitará frenazos, adelantamientos y cambios de carril al haber un intervalo de hasta 30 km/h de diferencia.
      Ahora bien, si en esa vía, a unas determinadas horas, la velocidad máxima se reduce hasta 60 km/h, dicho rango de diferencia debería reducirse, aunque tampoco sería mala idea señalar una velocidad mínima aconsejable siempre que la circulación lo permita: sería algo así como "circulen entre 50 y 60 km/h". El objetivo es conseguir que la velocidad de los miles de vehículos que circulan por dicha vía sea lo más equitativa posible, algo muy complicado.
      Un saludo ;)

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