FRACASOS DE VENTAS EN ESPAÑA: CHEVROLET MALIBÚ



 
Salvo que seas un jovenzuelo inmerso en la plenitud de sus años mozos, seguramente recordarás la llegada de una marca nueva a España a mediados de la década de los 90. Esa marca se llamaba Daewoo, y junto con Kia e Hyundai vendría a completar la llegada de productos coreanos a nuestra geografía. Sin embargo, Daewoo fue adquirida en el año 2002 por General Motors, lo que propició poco después un hecho peculiar: a partir del año 2005 todos los modelos de Daewoo que hasta entonces se vendían en Europa cambiarían su emblema por el de Chevrolet. 

A mediados de 2012, Chevrolet se encontraba en una fase de expansión agresiva en el mercado europeo. Bajo la dirección de Susan Docherty, la marca anunció una ofensiva de diez lanzamientos en apenas 18 meses, con el objetivo de transformar su imagen y competir de tú a tú con los fabricantes generalistas del viejo continente. 

En este escenario, el Malibú aterrizó en España como el nuevo buque insignia de la marca, sustituyendo al veterano Épica (que obtuvo un nivel de ventas más que aceptable) y buscando aportar un "estilo americano incomparable" con niveles de refinamiento europeos.

 

UN SEDÁN CON ADN MUSCLE CAR.



 
 
El Malibú destacaba por una presencia imponente, con una longitud de 4,86 metros que lo situaba como uno de los modelos más grandes de su categoría, superando incluso a su "primo" el Opel Insignia. 

Su diseño exterior combinaba la sobriedad de una berlina de tres volúmenes con detalles musculosos. El frontal era alto y expresivo, con la característica doble parrilla de la marca, pero era en la zaga donde mostraba su personalidad más fuerte: sus pilotos traseros estaban directamente inspirados en el Chevrolet Camaro, lo que le otorgaba un aire deportivo único en el segmento D.

El habitáculo del Malibú era, ante todo, espacioso. Con una anchura sobresaliente, permitía que cinco adultos viajaran con comodidad, ofreciendo una habitabilidad propia de berlinas de representación. Uno de los detalles más ingeniosos de su diseño era la pantalla táctil de 7 pulgadas, que era escamoteable y escondía tras de sí un práctico hueco portaobjetos.
 
 

 

En cuanto a su capacidad de carga, el Malibú era un referente con un maletero de 545 litros, uno de los más grandes de su clase, aunque su boca de carga era algo alta y el espacio muy profundo. A pesar de los buenos ajustes generales, el uso de algunos plásticos duros en el salpicadero le restaba algo de puntos frente a rivales más refinados.

 

UNA GAMA DE MOTORES LIMITADA. 



 
 
La oferta mecánica en España fue reducida, centrándose en dos motorizaciones de cuatro cilindros. En primer lugar, había un gasolina 2.4 litros atmosférico con 167 CV con un consumo algo elevado (7,8 l/100 km) y prestaciones correctas, pero penalizado por una inyección indirecta algo anticuada para los estándares europeos de la época.

Y por otro lado también había disponible una mecánica diésel 2.0 VCDI. Sin duda, este fue el motor estrella para el mercado español, de origen alemán, que rendía 160 CV y 350 Nm de par. Lograba un consumo combinado de 5,1 l/100 km con cambio manual, situándose como la opción más lógica para flotas y particulares.

Ambos motores podían asociarse a una caja de cambios manual de seis velocidades o a una transmisión automática secuencial DSC.


AL VOLANTE, COMODIDAD ANTE TODO. 

 




Basado en la plataforma Epsilon II de General Motors (compartida con el Opel Insignia y el Saab 95), el Malibú estaba configurado para ofrecer un confort de marcha superior. Su suspensión filtraba excelentemente las irregularidades, convirtiéndolo en un coche ideal para largos viajes por autopista.
Sin embargo, no era el modelo más ágil de su categoría. Aunque su dirección electrónica ZF era suave y precisa, el chasis no sujetaba la carrocería con la misma firmeza que un Volkswagen Passat en zonas reviradas. Además, el motor diésel resultaba algo ruidoso en frío y tosco a bajas revoluciones, aunque una vez lanzado ofrecía un rodar muy silencioso.

 

SUS PRECIOS Y EQUIPAMIENTO. 



 
 
Uno de los grandes atractivos del Chevrolet Malibú fue su relación precio-equipamiento. En su lanzamiento, los precios oficiales oscilaban entre los 28.300 euros de la versión diésel LT+ y los 32.300 euros del diésel automático LTZ. Sin embargo, gracias a fuertes campañas promocionales, era posible encontrar unidades de acceso por debajo de los 26.000 euros. 

El equipamiento era cerradísimo (LT+ y LTZ) e incluía de serie elementos como navegador, sensor de parking y 6 airbags, dejando apenas la pintura metalizada y el techo solar como opciones.






El Chevrolet Malibú era un producto honesto, espacioso y con una seguridad de cinco estrellas EuroNCAP. Sin embargo, vino a competir en un mercado dominado por el Passat, el Mondeo y el Insignia, donde la imagen de marca pesaba demasiado. 

Y para rematar, a los dos años de su lanzamiento se produjo la extraña decisión de General Motors de retirar la marca Chevrolet de Europa para priorizar a Opel, lo que dejó al Malibú sin apoyo comercial y con una depreciación fulgurante.

En definitiva, el Malibú fue una berlina "talla XXL" que ofreció mucho espacio a un precio razonable, pero que llegó en el momento equivocado a un mercado que ya empezaba a mirar hacia los SUVs y a las marcas con mayor tradición europea.


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