BRANDT REINE 1950. EL COCHE FUTURISTA CON PUERTAS A LO ISETTA QUE ASOMBRÓ AL SALÓN DE PARÍS DE 1948.
En el fascinante mundo de la automoción, pocos vehículos personifican tanto la ambición técnica como esos raros coches de la época de posguerra. Hoy vamos a conocer mejor uno de estos exponentes donde la originalidad y la innovación afloraban como respuesta a las necesidades; el Brandt Reine 1950.
Presentado en el Salón del Automóvil de París de 1948, este prototipo no solo fue una de las propuestas más radicales de la posguerra, sino que desafió casi todas las convenciones establecidas en el diseño de coches de la época. Mientras el mundo centraba su atención en el debut del Citroën 2CV, Jules Brandt presentaba una visión del futuro que, aunque nunca llegó a las calles, sigue asombrando por su ingenio.
SU ORIGEN. MÁS DE UNA DÉCADA PARA SU DESARROLLO.
El Brandt Reine fue el resultado de 15 años de desarrollo por parte de su creador, Jules Brandt (1882-1959), un ingeniero e inventor francés de origen alsaciano. Brandt no era un novato en la ingeniería; tenía una carrera distinguida que incluía la dirección de la filial francesa de la Edison Phone Company y la colaboración con su hermano Edgar en el desarrollo de armamento innovador durante la Primera Guerra Mundial.
Jules afirmaba con orgullo que en su coche no había una sola pieza que no hubiera sido inventada y fabricada por él mismo. Su experiencia previa en sistemas eléctricos para el trasatlántico Normandie y la Línea Maginot influyó en la complejidad técnica que aportó a su creación.
DISEÑO E INTERIOR. EL CONCEPTO ISETTA EN GRAN TAMAÑO
El diseño del Reine era, en una palabra, poco ortodoxo. Con una carrocería aerodinámica monocasco de 4,13 metros de largo y 1,87 metros de ancho, su característica más distintiva era la ausencia total de puertas laterales. El acceso al habitáculo se realizaba exclusivamente a través de puertas situadas en la parte delantera y trasera, lo que permitía un estacionamiento fácil en batería. La puerta delantera tenía bisagras laterales, un concepto que, evidentemente nos recuerda al popular y simpático BMW Isetta. ¿Se inspiraron los creadores del pequeño utilitario en esta idea de puertas?
En su interior, el suelo era completamente plano y albergaba cuatro asientos independientes dispuestos a ambos lados de un pasillo central. Pero la originalidad no quedaba ahí, ya que el Brandt Reine presentaba otros detalles innovadores. A saber:
- Techo de lona retráctil (similar al del 2CV)
- Ausencia de limpiaparabrisas, ya que la inclinación y forma del parabrisas expulsarían el agua de lluvia por el flujo de aire.
- Sistema de iluminación antideslumbrante, con faros empotrados unos 40 cm en canales horizontales para no cegar a otros conductores.
- Ruedas de aleación ligera situadas en las cuatro esquinas para eliminar voladizos, siendo todas ellas independientes y directrices.
¿UN MOTOR DEMASIADO AVANZADO A SU TIEMPO?
Si hemos visto que el Brandt Reine era todo un alarde de originalidad e innovación técnica, su corazón no le desmerecía, ya que resultaba ser una maravilla de la ingeniería compacta: un motor de dos tiempos con pistones opuestos dispuestos en forma axial, con una cilindrada de 935 cc.
Pero ojo, que aunque se tratase de de un 4 cilindros no tenía 4 pistones, ¡tenía 8!. Es decir, cada cilindro alberga 2 pistones. Aquí es donde Jules Brandt se puso realmente creativo. En un motor normal, los cilindros están en línea o en "V". En el motor de Brandt, los 4 cilindros estaban colocados alrededor de un eje central, como las recámaras de un revólver o las varillas de un paraguas cerrado.
¿Y cómo se movía el coche si no existía ningún cigüeñal? Esta es la parte más técnica y fascinante. Para convertir el movimiento de los pistones en giro para las ruedas, Brandt usó un sistema de platos oscilantes (o swashplates) Los pistones, al moverse adelante y atrás, empujaban unos discos inclinados que están unidos al eje central, y al empujar el disco en su parte inclinada, lo obligan a girar.
Con este peculiar motor, Jules buscaba tres cosas que obsesionan a cualquier ingeniero:
Compacidad extrema: Por eso el cárter medía solo 30 cm.
Eficiencia térmica: Al no tener culata (la parte superior de un cilindro convencional), se pierde menos calor por conducción térmica.
Equilibrio perfecto: El motor apenas vibraba, ya que el movimiento de los pistones se cancelaba entre sí.
Eficaz o no, lo cierto es que las prestaciones de este motor eran bastante impresionantes para su época. Rendía una potencia de 75 CV a 3.400 rpm, suficiente para alcanzar una velocidad máxima de 165 km/h, y estaba acoplado a una caja de cambios de seis velocidades con trenes epicicloidales y un embrague magnético.También era tracción delantera; el motor estaba montado transversalmente entre las ruedas delanteras.
LA FALTA DE APOYOS PARA SU COMERCIALIZACIÓN.
A pesar de su brillantez técnica y de haber sido presentado nuevamente en el año 1949, el Brandt Reine nunca pasó de la etapa de prototipo. Jules Brandt no logró encontrar los socios industriales o la financiación necesarios para llevar el vehículo a la producción en serie.
Los analistas sugieren que el coche era quizás demasiado avanzado y complejo para su tiempo. La dependencia de tantas tecnologías no probadas y las dificultades prácticas (como la entrada al vehículo si el techo estaba cerrado) hicieron que los inversores fueran cautelosos. Aunque se llegó a planear una versión más pequeña de tres ruedas, el “Reine” se quedó finalmente sin corona, permaneciendo como uno de los diseños más excéntricos y visionarios de la historia del automóvil francés, que ya es decir…












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