CLAVEAU CIR9. ¿UN COCHE RECHAZADO POR SER DEMASIADO ADELANTADO PARA SU ÉPOCA?




Si algo ha caracterizado a la industria automovilística francesa ha sido siempre el tratar de ser los primeros en presentar innovaciones, por muy extravagantes que puedan ser. La historia de algunos fabricantes como Citroën es buen ejemplo de ello, aunque también podemos citar concepts y prototipos de lo más variopinto. 

Hoy vamos a descubrir otro nuevo integrante de esta historia que nació hace ya casi un siglo, el Claveau CIR9 (también conocido como Claveau 9CV) un prototipo francés fue una obra de vanguardia absoluta que se adelantó décadas a los estándares de la industria automotriz

El creador de este vehículo, Émile Claveau, fue un ingeniero con una formación singular, ya que también había estudiado arte. Su pasión por los automóviles se veía empañada por una creciente frustración: encontraba que los coches de su época eran monótonos, tanto en sus líneas exteriores como en sus soluciones mecánicas.

Decidido a revolucionar el sector, Claveau buscó optimizar tres pilares fundamentales: el espacio interior, el consumo de combustible y la seguridad. 

 

ASÍ ERA EL CLAVEAU CIR9. 

 


Presentado en el Salón de París de 1927, el público asistente fue testigo de una visión que parecía extraída de una novela de ciencia ficción, ya que el CIR9 no era solo un coche nuevo, sino una revolución conceptual que buscaba romper con la monotonía técnica y estética de los años 20.

El CIR9 fue diseñado aprovechando los beneficios de la aerodinámica, lo que dio lugar a un vehículo que hoy en día podría ser considerado como un monovolumen. Y es que,  sus características principales desafiaban todas las convenciones de 1927. 

En primer lugar tenemos un diseño aerodinámico de "gota de agua", con una carrocería que tenía una forma perfilada y esbelta, similar al casco de un barco, diseñada específicamente para minimizar la resistencia al viento. La parte trasera terminaba en punta, integrando de forma atractiva las salidas de aire.
 


 
 
Pero además de su futurista carrocería,  una de sus mayores innovaciones fue combinar el motor, la caja de cambios y el diferencial en un solo bloque compacto. Esta unidad se montaba de forma central-trasera, justo por delante del eje, lo que mejoraba notablemente el equilibrio y la estabilidad del coche.
Todo ello, combinado con el empleo de un motor bóxer de 4 cilindros le permitía ofrecer un centro de gravedad muy bajo, ofreciendo así una seguridad activa muy superior a la de los vehículos contemporáneos. 

Y en vez de emplear el tradicional chasis de largueros o travesaños, Claveau empleó una plataforma de acero autoportante en forma de concha, permitiendo con ello un suelo bajo y un espacio interior excepcionalmente amplio para los pasajeros. Además, a todo este conjunto se le unió una suspensión independiente en las cuatro ruedas, una característica de seguridad y confort que era una rareza absoluta en los años 20. 
 

SU INCOMPRENSIÓN Y LEGADO DE SU CREADOR. 

 




Sin embargo, a pesar de su brillantez, el mercado de finales de los años 20 no estaba preparado para un salto tecnológico tan radical. Los fabricantes y clientes de la época preferían las formas cuadradas tradicionales y los grandes radiadores ornamentados. 

Por este motivo, aunque nunca llegó a la producción en serie, el legado de Émile Claveau y su CIR9 sobrevive hoy como un testimonio de genio visionario, con prototipos posteriores preservados en instituciones como el Tampa Bay Automobile Museum.
 
 

 

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