Como ya habrás podido ver en otros artículos de este humilde
blog, no fue hasta la década de los años 50 cuando comenzó a tomarse más en serio
la seguridad de los automóviles. Por ello, no es de extrañar que, en esta época
y posteriores, surgiesen numerosos inventores que creasen propuestas para
mejorar dicha seguridad.
Algunas de esas ideas y soluciones triunfaron, otras nos
dejaron creaciones muy ingeniosas como el Sir Vival, y otras fueron un
auténtico sin sentido extravagante.
EL RODILLO DE GÉRIN, O EL PARACHOQUES GIRATORIO.
Una de estas extravagantes soluciones fue la propuesta por el inventor francés Jacques Gérin, el cual tenía experiencia en el mundo de la aviación. Curiosamente, Jacques Gérin no era un loco emprendedor con ideas sin sentido, no en vano fue el creador del Gérin Aerodyne en 1922, uno de los coches más aerodinámicos de la historia con un Cx asombroso para la época.
La idea de Gérin fue la de crear un sistema que ayudase a
minimizar lo máximo posible los daños producidos en las colisiones a baja velocidad.
Y para ello, en el año 1959 (curiosamente poco antes de que Volvo patentase el cinturón de seguridad de tres puntos) propuso sustituir los parachoques convencionales
por una rueda de repuesto montada horizontalmente en el
frontal del vehículo.
Lo que Gérin pretendía hacer era aplicar lo principios de ingeniería de precisión aprendidos en la fábrica de aviones Voisin, donde trabajó con motores avanzados que ya incluían componentes como rodamientos de rodillos para mejorar la eficiencia. Dicho de otra forma menos técnica, Gérin quería aplicar la física de las bolas de billar al tráfico urbano. Si el choque no es 100% frontal, la energía rotacional es mucho menos destructiva que la traslacional.
El sistema funcionaba de una manera simple. Sobre un eje pivotante,
se alojaba la rueda de repuesto, la cual sobresalía por donde debería estar la parte central del parachoques delantero, y desde los extremos de la rueda, unas guías protegían la carrocería desde el resto del frontal hacía las aletas laterales. De esta forma, al chocar contra un obstáculo u otro vehículo, la
rueda debía rotar para "hacer rodar" el coche hacia un lado,
desviando la energía del impacto en lugar de absorberla frontalmente. Además, con
este sistema se ahorraba espacio, ya que le daba a la rueda de repuesto un uso
funcional, en lugar de ocupar espacio en el maletero.
LOS INCONVENIENTES DE ESTE INVENTO.
Seguramente habrás oído esa frase de "la intención es lo que cuenta" o "al menos la idea parecía buena". Pues más o menos podía aplicarse a esta invención de Gérin. Y es que, aunque el concepto era ingenioso para la época, resultó ser poco práctico y peligroso, a pesar de las evidencias grabadas sobre sus pruebas tras haber instalado el invento en un Renault Dauphine, un vehículo con motor y tracción trasera, lo que permitía crear este dispositivo en el frontal sin tener problemas de espacio.
En primer lugar, el mecanismo añadía un peso considerable al frente y podía provocar trayectorias impredecibles tras un impacto al perder el conductor el control del vehículo. Esto resultaba también contraproducente y peligroso en los casos en que el coche saliese lanzado hacía una acera o el carril contrario.
Otro inconveniente que ofrecía este invento recaía sobre la propia rueda de repuesto, ya que al usarla como parachoques, dejaba siempre expuesta una parte de la misma a la intemperie, y podía ser susceptible de pincharse tras un golpe.
Y tras conocer mejor este curioso invento me gustaría lanzarte la siguiente pregunta. ¿Crees que hoy en día, con materiales modernos, esta idea podría haber funcionado o estaba condenada al fracaso desde el diseño?
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