JEAN-PIERRE WIMILLE. UN CAMPEÓN PERDIDO Y EL COCHE DEL FUTURO.

 


En la historia del automovilismo, existen figuras que parecen habitar en una dimensión temporal distinta a la de sus contemporáneos. Jean-Pierre Wimille fue uno de esos hombres. Considerado por muchos, incluido el legendario Juan Manuel Fangio, como el mejor piloto de su época, Wimille no solo dominó los circuitos, sino que intentó redefinir lo que un automóvil debía ser. 

Hijo de Auguste Wimille, corresponsal de motor del Petit Parisien, Jean-Pierre creció rodeado de la historia del automovilismo. Su carrera despegó en 1930 y alcanzó su cénit con dos victorias en las 24 Horas de Le Mans (1937 y 1939) para Bugatti. Sin embargo, su vida daría un giro con la Segunda Guerra Mundial.

Mientras Francia estaba ocupada, Wimille se unió a la Resistencia dentro de la célula "Clergyman", dedicada al sabotaje y la inteligencia. Fue en este periodo de conflicto y escasez cuando su mente ingenieril, influenciada por la avanzada tecnología de los Auto Unión de motor central que había visto antes de la guerra, comenzó a gestar la idea de crear un automóvil que rompiera con todos los cánones establecidos.

Pero la herencia de Wimille no puede limitarse solamente a una única creación, ya que durante su vida fueron varios los proyectos realizados. Vamos a descubrirlos. 
 

1940: LA CREACIÓN DE UN COCHE ELÉCTRICO.  

 
Sumergido en plena Guerra Mundial, donde casi todos los recursos disponibles se destinaban a la lucha bélica, el pragmatismo de Wimille salió a la luz, desarrollando un vehículo eléctrico como respuesta al racionamiento de gasolina bajo la ocupación alemana. Solo se fabricó una unidad de este vehículo, que era capaz de alcanzar los 50 km/h, marcando su primera incursión seria en la fabricación propia. 


1946: JPW 01, EL COCHE AERODINÁMICO. 

 



Un año después de la finalización de la Guerra Mundial, Wimille pudo fundar su propia compañía en París, y ese mismo año presentó el primer prototipo de su "coche del futuro", el JPW 01, carrozado por Henri Chapron.

Se trataba de un vehículo que presentaba unas formas muy aerodinámicas gracias a su carrocería con forma de gota de agua, lo cual le permitió tener un coeficiente aerodinámico de solamente 0,23 Cx; un verdadero hito para la época. 

Pero no solo su carrocería era avanzada. En el interior, presentaba tres asientos, destinándose el asiento central al conductor, y ubicando los dos restantes en los laterales, y algo más retrasados. Seguro que esta configuración de asientos te recuerdan a un súper coche idolatrado y conocido por todos que no apareció hasta 47 años después. 
 





 
Además, aunque inicialmente se anunció como con motor trasero, en realidad fue un concepto ligeramente diferente intentado por primera vez por otro francés, Emilie Claveau, durante la década de 1920, que Wimille y su equipo de ingenieros intentaron perfeccionar; el motor ubicado en posición central. 

Sin embargo, el JPW 01 no estuvo totalmente construido tal y como Wimille quería, ya que su intención era la de equipar a su cración con un motor V6 de 70 CV, pero las limitaciones de tiempo le llevaron a utilizar un motor de origen Citroën, de 1.9 litros y 56 CV de potencia.
 

1948: JPW 02 "CYCLOPE". EL REFINAMIENTO ESTÉTICO.

 





Dos años después, y con el objetivo de mejorar la visibilidad y el estilo estético de su creación, Wimille se alió con el diseñador Philippe Charbonneaux para crear un segundo prototipo que destacó por su faro central único integrado en el morro, lo que le valió el sobrenombre de "Cyclope".

Pero además, Charbonneaux aplicó conceptos aeronáuticos, incluyendo cubiertas para el subchasis para mejorar el flujo de aire inferior y reducir el consumo.

LLEGA LA ALIANZA CON FORD: JPW 03 y JPW 04 (1948-1950)

 



 
Y llegamos al año 1948; el gran año para Wimille, que consiguió firmar un contrato con Maurice Dollfus, director de Ford France, con el objetivo de crear una división de vehículos "especiales". 

Se creó así un tercer y cuarto prototipo, el JPW 03, que fue presentado y expuesto en el Salón de París del año 1948 bajo el lema "El coche del futuro, hoy", poco después el JPW 04, con ligeros cambios. 

Este modelo mostraba numerosas mejoras respecto a sus predecesores. Mecánicamente se equipó el mismo motor que montaba el Ford Vedette, un V8 de 2.158 c.c que entregaba unos 66 CV.
 
 




 

También había crecido en tamaño, pero conservando su motor central, suspensión independiente, chasis tubular y una transmisión Cotal de tipo electromagnético de cuatro velocidades, que permitía hacer cambios casi instantáneos mediante un pequeño selector en la columna de dirección, funcionando de manera similar a una caja automática temprana.

Pero la seguridad, algo que por entonces estaba en un segundo plano, tampoco se quedó olvidada, porque Wimille diseñó el frontal para tener un comportamiento "repelente a colisiones", buscando que el impacto desviara el obstáculo en lugar de absorberlo frontalmente.


UN FINAL TRÁGICO. 

 

Cuando todo parecía que iba sobre ruedas (nunca mejor dicho) el trágico destino se interpuso en la vida de Wimille. El 28 de enero de 1949 mientras practicaba para el Gran Premio de Buenos Aires, Wimille se salió de la pista y chocó fatalmente contra un árbol. Las causas del accidente siguen siendo un misterio, aunque se especula con espectadores invadiendo la pista, un fallo en el eje o que el piloto fue cegado por el sol. 
 
El fallecimiento del principal valedor de este proyecto, fue un golpe durísimo, y aunque la Compagnie Parisienne d'Automobile planeó producir 500 unidades en 1950, la directiva de Ford en Detroit ordenó a la filial francesa cesar toda colaboración con la familia Wimille en junio de 1949.


LOS VEHÍCULOS SUPERVIVIENTES. 

 

Afortunadamente, y al contrario de como hemos podido contemplar con otras creaciones de ámbito privado/personal, tres de los prototipos principales han sobrevivido hasta nuestros días, repartidos en los museos más importantes de Francia para dar testimonio de la genialidad de su creador. Se reparten de la siguiente manera (por si te apetece verlos 😉)
Jean-Pierre Wimille no llegó a ver el título de Fórmula 1 que probablemente habría ganado en 1950, ni vio su coche recorrer las carreteras del mundo. Sin embargo, cada vez que un superdeportivo moderno presume de motor central y aerodinámica activa, está rindiendo un homenaje silencioso al hombre que diseñó el futuro en medio de la guerra. Su coche no fue solo una máquina; fue el sueño interrumpido del "McLaren F1 de la década de los 40".


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