A principios de los años 80, en las despachos de la sede de General Motors en el Edificio Albert Kahn de Detroit, reinaba un pánico silencioso. Las crisis del petróleo de 1973 y 1979 habían asestado un golpe letal al gigante americano. Los consumidores ya no querían cruceros de ocho cilindros; exigían coches económicos, fiables y que no devoraran combustible. El problema era simple pero devastador: Detroit no sabía fabricar un utilitario barato sin perder dinero en el intento.
Mientras, al otro lado del Pacífico, en Hamamatsu, Suzuki dominaba el arte de la miniaturización: los Kei Cars. Dominaban la ingeniería del gramo y del céntimo, pero carecían del músculo financiero y la red de distribución global para conquistar Norteamérica.
De modo que, como suele ocurrir con las mejores parejas, que cada uno complementa lo que el otro no tiene, lo que nació en 1981 como un rescate mutuo se convirtió en una de las alianzas industriales más estrambóticas, complejas y fructíferas de la historia del automóvil: casi tres décadas de coches con crisis de identidad, marcas fantasma y genialidades de ingeniería camufladas. ¿Te apetece conocer esta fascinante historia?
1981–1986: EN BUSCA DE LA PAREJA IDEAL.
En 1981, General Motors adquirió un 5,3% de las acciones de Suzuki (cifra que escalaría hasta un control del 20% en el año 2000). La premisa era sencilla: Suzuki pondría las plataformas, la ingeniería ligera y la eficiencia que la caracterizaban, mientras que GM pondría el dinero, las plantas de montaje y su inmensa red de concesionarios para distribuir los "nuevos" modelos.
Cuatro años más tarde, nacería el primogénito de esta alianza bajo el nombre de Chevrolet Sprint, un pequeño utilitario que no era más que un Suzuki Cultus / Swift de primera generación importado de Japón. Con un modesto motor de tres cilindros y 1.0 litro, aquel utilitario ofrecía consumos inéditos en la tierra del V8.
Pero como si en ese mismo momento estuviese gobernando Donald Trump, existía un problema que podía dar al traste con esta alianza: los aranceles a los productos importados. De modo que, para escalar la producción sin pagar aranceles de importación, en 1986 fundaron una joint-venture histórica: CAMI Assembly, una planta de fabricación de automóviles ubicada en Ingersoll, Ontario, Canadá, cuya producción comenzó en el año 1989. De esa misma línea de montaje salían, codo a codo, pequeños utilitarios y todoterrenos con emblemas japoneses y norteamericanos.
LA CREACIÓN DE GEO Y LA ERA DE LA DIVERSIDAD.
Si algo caracterizó este acuerdo fue la sopa de letras y marcas que creó General Motors para vender los productos de Suzuki. Desconozco si se trataba de una operación de marketing o simplemente la idea era no "manchar" el catálogo tradicional o identidad de sus marcas americanas, pero tras la firma del acuerdo, el gigante estadounidense experimentó con marcas creadas ex profeso:
Una de estas marcas fue GEO, creada con el objetivo de vender modelos económicos fabricados en colaboración con fabricantes de automóviles extranjeros como Toyota, Suzuki e Isuzu a través de los concesionarios de Chevrolet.
Dicha marca tuvo una vida corta, ya que solamente se mantuvo hasta 1997, año en el que los modelos pasaron a comercializarse directamente bajo el nombre de Chevrolet hasta su cese definitivo a principios de los 2000.
Algunos de los modelos principales de origen Suzuki que GEO comercializó fueron los siguientes:
- Geo Metro: Un coche utilitario extremadamente eficiente gracias a su fiabilidad y bajo consumo de combustible basado en el Suzuki Cultus o Swift.
- Geo Tracker: Basado en el Susuki Vitara, se trataba de un 4x4 auténtico con chasis de largueros, reductora y techo de lona que se convirtió en el vehículo de playa y campo por excelencia en los noventa.
Tras la desaparición de GEO, General Motors decidió entonces vender bajo diferentes emblemas del grupo estos modelos, dando así lugar a la aparición de una buena amalgama de modelos basados en el Swift y Vitara.
Modelos basados en el Suzuki Swift:
- Chevrolet Metro (en Estados Unidos)
- Chevrolet Sprint (en Canadá y Chile)
- Chevrolet Swift (Latinoamérica)
- Pontiac Firefly (en Canadá)
- Holden Barina (Australia y Nueva Zelanda)
Modelos basados en el Suzuki Vitara:
- Chevrolet Tracker (Estados Unidos)
- GMC Tracker (Canadá)
- Pontiac Sunrunner (Canadá)
- Asüna Sunrunner (Canadá)
Y como suele ocurrir en los "matrimonios" en los que el dinero está por encima del amor verdadero, estos llegan a su fin cuando el dinero escasea.
Llegamos así a mediados de la década de los 2000, cuando General Motors se encuentra ahogada por una deuda descomunal y está al borde del abismo financiero, reduciendo su participación en Suzuki a un irrisorio 3 %, hasta que en el año 2008 no tuvo más remedio que comenzar a vender sus activos.
Finalmente, en noviembre de ese mismo año, la compañía norteamericana vendió sus últimas acciones finalizando 27 años de alianza. Suzuki recuperó total independencia financiera, encarando una nueva etapa que años más tarde la llevaría a tejer alianzas similares con Toyota.






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