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ASTON MARTIN LAGONDA SW. PORQUE EN TODA GUAPA FAMILIA SIEMPRE HAY UN HIJO FEO



MOTOR
  • Motor de 8 cilindros en V (90°) situado en posición delantera.
  • Potencia 304 CV a 5.000/min.
  • Velocidad máxima, 225 km/h.
  • Aceleración de 0 a 100 km/h., 9,3 segundos


CONSUMOS.
  • Consumo mínimo, 18,1 litros/100 km. Consumo máximo, 25,5 1/100 km.
  • Consumo en carretera a una media aproximada de 75 km/h., 19,8 1/100 km.
  • Consumo en autopista a una media aproximada de 145 km/h., 23,3 l/100 km.
  • Consumo promedio de la prueba, 21,9 litros/100 km.

Si hoy en día me dijeran cual marca de coches crea, y ha creado los coches más bellos de la historia, mi respuesta sería sin duda; Aston Martin. Pero como en las mejores familias, siempre hay una oveja negra.




Y aquí os presento a la oveja negra de la marca británica; el Aston Martin Lagonda, presentado al mundo a finales de los años 70. Admito que al principio tuve muchas dudas sobre si catalogar o no a este coche como vehículo feo, así que para ser lo más justo posible, he decidido indultar a la versión sedán y catalogar como pesadilla a la versión Station Wagon. 

Tal es mi impresión de éste modelo, que aconsejo no leer éste artículo si se sufre del corazón o si se ha comido copiosa y abundantemente ante los graves riesgos de rejurgitación que puede ocasionar la contemplación de éste coche. Sin embargo, estoy feliz. Feliz de comprobar que al igual que las personas, un feo aspecto exterior también puede guardar muchísima belleza interior. Éste coche es una pesadilla para la vista, pero también una delicia para quien lo conduzca.





Comenzaré mencionando que de las dimensiones exteriores del Lagonda son espectaculares : es tan largo y casi tan ancho como un Rolls, pero tan bajo como un Ferrari, y su forma angulosa y extremadamente perfilada le proporcionan un aspecto futurista, asegurándole siempre al conductor la total atención de los que le ven pasar.

La sospecha de que se pueda tratar de un precursor del automóvil del mañana se confirma nada más montar en él: una vez que el conductor sé ha deslizado por la estrecha abertura de la puerta y se acomoda en el envolvente asiento, se enfrenta a un tablero de instrumentos totalmente electrónico y con marcadores digitales, muy en la línea de lo que podría ser el centro de mando de una nave espacial. 

Tan pronto se conecta el encendido, se despiertan ante los ojos del conductor no menos de 10 indicadores digitales en diodos rojos e intermitentes, sobre un fondo totalmente negro: la temperatura interior y exterior, la temperatura y presión de aceite, temperatura de agua, carga de batería y naturalmente velocímetro, cuentakilómetros parcial, cuenarrevoluciones.... En otros dos cuadros situados a ambos lados del volante se encuentran los mandos de los diferentes elementos de confort (elevalunas eléctricos, reglaje eléctrico de los asientos, cierre centralizado...) que para dar mayor sensación futurista, emiten un fuerte pitido cada vez que se accionan.

Como vemos, en el diseño del Lagonda, los planteamientos estéticos han primado sobre los funcionales. A pesar de las dimensiones exteriores, el espacio para los pasajeros no es mayor que el que ofrece una berlina de tipo medio. Sin embargo, no falta la comodidad; los asientos no ofrecen mucha sujeción lateral pero son cómodos. Tampoco hay nada que objetar a la posición del conductor, tras el minúsculo volante de un solo radio, a lo Citroën CX. 








El carácter del Lagonda se descubre plenamente al poner el motor en marcha; se trata del 8 cilindros en V que equipaba a todos los Aston Martin. Montado a mano por un único mecánico (cuyo nombre se perpetúa en una placa metálica fijada al bloque), dispone de dos árboles de levas en cabeza por cada fila de cilindros y es alimentado, un tanto convencionalmente por 4 carburadores dobles verticales. Traducido, son 304 CV a 5.000 r.p.m., que con la cilindrada de 5,3 litros suponen algo menos de 57 CV/litro; cifra importante pero tampoco exagerada.

Si el valor absoluto de los más de 300 CV puede parecer elevado, digamos que tienen que mover un automóvil de más de 2,1 toneladas, con una estructura muy convencional en la que la carrocería de aluminio se soporta por un pesado chasis de acero.

El bravío y fuerte motor, cuyo silencio de marcha sólo se disimula por un agradable ronquido en el más puro estilo deportivo, permite sin gran esfuerzo unas prestaciones medias muy altas en los viajes.





Sin embargo, al Lagonda no le gusta para nada el tráfico denso o las carreteras estrechas. Ésta aversión se debe fundamentalmente a que posee un diámetro de giro de nada menos que 15 metros lo que, pese a la suavidad de la dirección. no deja de ser incómodo de manejar, sobre todo en ciudad.

En definitiva, se trata de un principesco automóvil para viajes, con el que sus conductores encontrarán en todo momento personas boquiabiertas al borde de la carretera. 



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