LA INCREÍBLE HISTORIA DEL PRIMER BMW CON CARROCERÍA TOURING




Hoy en día, BMW puede presumir orgullosa de contar con uno de los catálogos más amplios del mercado en cuanto a modelos se refiere. No en vano, tenemos desde compactos a coupés, SUV, berlinas de todos los tamaños y, por supuesto, familiares o touring. Sin embargo, la aparición de este tipo de carrocería dentro de la marca se debe a una sorprendente historia protagonizada por uno de sus empleados. ¿Te apetece conocerla?


Exceptuando a los grandes monovolúmenes de 7 plazas, siempre he considerado como un insulto al comprador, todo vehículo catalogado como familiar que no sea un coche con carrocería touring. En primer lugar porque con una belina  de similar tamaño no tienes la misma facilidad para guardar bultos de considerado volumen en el maletero, y en segundo lugar porque pagar mucho más por un SUV de gran tamaño me parece un timo, salvo que el dinero no sea problema para el comprador.

En definitiva, que todo fabricante que quiera ofrecer un coche pensado para la familia debe tener un vehículo con carrocería touring en su catálogo. Básicamente, estos coches siempre han sido variantes de otros modelos existentes, ya sean compactos o berlinas, y su existencia se remonta ya a varias décadas anteriores a los monovolúmenes y SUV. Sin embargo, dentro de BMW la aparición de este tipo de carrocería en su historia es, por lo menos, más que sorprendente.

EL OSADO ATREVIMIENTO DE MAX REISBÖCK



Alemania, mediados de la década de los 80. Como sigue ocurriendo hoy en día, BMW Mercedes y Audi protagonizan una encarnizada lucha por ser el número uno dentro de los fabricantes alemanes. Desde 1982, el Serie 3 de segunda generación (el conocido como E30) era el buque insignia de BMW, y amado coche de uno de los ingenieros de la marca: Max Reisböck.

Casado y con dos hijos, a Max se le presentó un problema grave de espacio cada vez que quería hacer un viaje con su familia. Su querido E30 se le quedaba pequeño. Lo natural en estos casos es plantearse la compra de un vehículo más grande, sin embargo, BMW carecía en su catálogo de un vehículo con carrocería familiar o touring, algo que por el contrario si pasaba con Mercedes-Benz o Audi.

Al bueno de Max se le planteó entonces un serio dilema. ¿Tendría que traicionar a la marca a la que le era fiel y para la que trabajaba desde 1973 comprando un modelo de la competencia? No, nada de eso, a Max se le ocurrió una idea más estrafalaria. Ni corto ni perezoso, y sin que sus jefazos tuvieran idea de lo que iba a hacer, tomó prestado el taller de un amigo y comenzó a desmontar un E30 de segunda mano que había comprado con el objetivo de transformalo en un vehículo de carrocería touring.

EL PROCESO DE TRANSFORMACIÓN


Con un presupuesto de unos 30.000 marcos (unos 8.000 euros) y con el proyecto dibujado en su cabeza, ya que no usó ningún plano para guiarse, Max se puso manos a la obra. Lo primero fue desplazar el pilar posterior hasta el extremo de la zaga, para aprovechar todo el espacio del habitáculo que quedaría por encima del voladizo posterior. Posteriormente añadió unas lunas traseras de plexiglas, pero se encontró con un problema a la hora de instalar la luna trasera, ya que según la legislación alemana debían estar dentro de unas medidas homologadas.

La solución al problema fue, por lo menos, curiosa.... Y es que aprovechando la celebración de un partido de fútbol en el Estadio Olímpico de Munich, Max se dedicó a medir, metro en mano, las lunas de los coches aparcados, hasta que observó que la luna del Volkswagen Passat tenía la medida exacta que necesitaba.

LA PRESENTACIÓN A LOS JEFAZOS DE BMW


Tras seis meses de duro trabajo, Max Reisböck había terminado por fin su proyecto. Sin embargo, sabía que si quería mantener su empleo no podría ir por ahí con su Serie 3 Touring sin haberlo dado a conocer a los directivos de la marca.

Dicho y hecho. Ni corto ni perezoso se plantó ante los mandamases de BMW y les presentó aquella ocurrencia que había fabricado con sus propias manos en el taller de su amigo. Tras contemplaro, los directivos de la marca no tardaron en requisar el coche de nuestro amigo Max, el cual, según palabras textuales de uno de sus miembros "jamás debía abandonar las instalaciones de BMW". Todo pintaba mal para Max, pero pronto le dieron a comprender los motivos de tal confiscación. El coche había gustado tanto a los miembros de la directiva que lo tomarían como base para la fabricación de un futuro BMW Serie 3 Touring.

Evidentemente, Max obtuvo una compensación económica por su atrevimiento, pero tal vez la mayor satisfacción que pudo tener fue la de comprobar como tres años después de su loco proyecto, salía a la venta el primer BMW con carrocería Touring. Un modelo que, salvo algunos retoques, estéticamente era bastante fiel al creado por él.

Eso sí, al pobre Max no le quedó más remedio que comprar un Volkswagen para poder ir de viaje con su familia, hasta que en el año 1994 recibió como regalo el último Serie 3 Touring fabricado de esa generación. Qué menos, ya que BMW había vendido más de 100.000 modelos a lo largo de sus 7 años de existencia.

Comentarios

  1. Emocionante historia de fidelidad a una marca, y no dejo de pensar el porqué BMW era tan reacia a los familiares, tal vez porque entendían que un touring no alcanzaba el listón de deportividad requerido.

    Tambien felicito a la marca por saber escuchar los consejos y las iniciativas de sus trabajadores para mejorar el producto final, debería ser lo lógico pero por desgracia no siempre es así.

    Saludos!

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    1. A lo mejor, si Reisböck se hubiera presentado a los mandamases solamente con ideas y dibujos no le habrían hecho ni caso. Yo pienso que más bien en BMW ya tenían la idea de comercializar un Touring y este hombre les ahorró una buena parte del camino con su creación. Pero claro, eso son los encantos que tienen las historias, que salvo revelación directa de algún implicado, nunca se sabrá toda la verdad.

      Un saludo ;)

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