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TOYOTA POD, EL COCHE QUE QUERÍA SER TU MEJOR AMIGO.


Todo amante del automóvil se preocupa siempre por tener su coche bien cuidado. ¿Por qué no hacer también un coche que cuide de nosotros? Eso mismo se planteó Toyota a principios del presente siglo


A pesar de que "simplemente" se traten de máquinas, quienes sentimos pasión por el mundo del automóvil no podemos evitar sentir un especial vínculo con nuestro coche. Lo mimamos, lo cuidamos lo mejor que podemos, y cada avería o simple roce que sufra nos duele aunque sepamos que el automóvil no siente nada. Pues bien, a principios de siglo Toyota trató de aprovechar estos sentimientos que surgen en nuestro interior para crear un vehículo diferente que cualquier mal pensado podría sospechar que fue ingeniado para sustituir a nuestra mascota... o incluso pareja.

Presentado en el Salón de Tokyo a finales del año 2003 este concept car fue desarrollado fruto de la colaboración entre Toyota y Sony, como he mencionado anteriormente trataba de elevar la relación entre el automóvil y su propietario hacía un nuevo nivel.
 
 


Estéticamente no es que enamorase a primera vista, la verdad. Principalmente llama la atención es su diseño simétrico que nos recuerdan a otras excentricidades del motor como el Alamagny o el Zundapp Janus pero con un aspecto bastante más simpático. Estas buenas intenciones se trasladan también al interior, que cuenta con cuatro asientos independientes, todas giratorias, para utilizar todo el espacio disponible y darle al Pod el ambiente de un salón y alejarlo aún más de la noción de ser "solo un automóvil".

¿Pero cómo intentó Toyota que la conexión con nuestro automóvil fuera mayor? Simplemente dotando al Pod de una capacidad de la que carecen los coches convencionales, es decir, pudiendo expresar sus “emociones”. ¿Y cómo conseguir eso? Es verdad que en alguna ocasión todos nosotros hemos interpretado que por su diseño, un coche puede parecer que está triste, enfadado, o contento ¿Pero todo a la vez? Pues para hacerlo la carrocería del Pod estaba dotado de unas luces led (curiosamente con forma de sonrisa) en su parte frontal que, dependiendo de las circunstancias se mostraban de uno u otro color. 
 
 

Así, cuando te acercas a él te muestra su felicidad iluminándose de color amarillo mientras que mueve su antena trasera de forma similar a la que lo haría tu fiel perro cuando vuelves a casa después de trabajar. Es más, también nos abrirá sus puertas de forma automática y bajará el asiento del conductor para que nuestra entrada sea lo más cómoda posible. Posteriormente, cuando se pone en funcionamiento dichas luces se vuelven naranja, pero también hay dos colores más… el azul que nos indica que queda poco combustible en el depósito o que hemos pinchado (incluso lanzará gotas en forma de lágrima) y el rojo que te indicará que está enfadado porque estás conduciendo de forma brusca o agresiva, algo para lo que no está diseñado. 
 
 

 
Pero el Pod no era simplemente un vehículo expresivo, por así decirlo, sino que buscaba que su conductor fuese lo más feliz posible cuando estaba dentro de él gracias a una serie de sensores que detectan y almacenan datos sobre el uso adecuado del volante, el acelerador y los frenos, incluso nuestro pulso y el nivel de transpiración. Para ello no contaba con el tradicional sistema de volante y pedales, sino que se conducía a través de un único mando que usaremos con la mano derecha, la cual será constantemente monitoreada; vamos, que básicamente memorizará nuestra forma de conducir para automáticamente adaptarse a ella. Por ejemplo, si solemos conducir por terrenos bastante bacheados o abruptos hará más suaves las suspensiones.

Y la cosa no quedaba ahí, ya que como si de un “Gran Hermano” se tratase, gracias a una unidad portátil llamada “Mini Pod” se permitía que este proceso de 'aprendizaje' continuase mientras el conductor está lejos del automóvil: así el terminal seguía recopilando información, como podía ser nuestras preferencias de música y televisión dentro de la casa, y transfiere estos datos al Pod, que puede actuar en consecuencia la próxima vez que vayamos a usarlo. Por ejemplo, imagina que has estado escuchando el último disco de rancheras de Bertín Osborne, pues bien, si al día siguiente cuando estés montado en el Pod dices Bertín Osborne te reproducirá sus canciones de Internet. 
 


 
 
En fin, como podrá comprobar el Toyota Pod fue un extravagante vehículo que trataba de ser una especie de Skynet con ruedas pero con pretensiones amigables que, si bien estaban lejos de poder sustituir al calor y humanidad que puede aportarte un ser querido, al menos, trataba de poner su granito de arena para hacerte llevar mejor cada día.

Comentarios

  1. No conocía para nada este concept pero en la actualidad se vería igual de útil con todo este "rollo" del coche compartido y movilidad urbana. Al final el futuro está en estos cochitos ideales para ciudad y no en SUV de cinco metros de largo y dos de ancho...

    Saludos!

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    Respuestas
    1. Tenemos mucha tendencia a renunciar a la practicidad por la estética

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  2. Da un poco de miedito pensar que unamaquina sepa tanto de nosotros mismos, s parece sacado de un episodio de Black Mirror o de una peli de ciencia ficcion y en esos mundo las cosas suelen dar un giro insospechado.
    En occidente nos parecera una locura establecer un vinculo afectivo con tu coche, pero en Japon si pudiera tener sentido, alli no se relacionan tanto entre ellos como nosotros y como dedican tanto tiempo y esfuerzo al trabajo tampoco pueden tener mascotas y tambien creo que les flipan estas cosas tecnologicas.
    Buen hallazgo!
    Increible hallazgo

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    Respuestas
    1. Yo soy bastante "tecnófobo" con algunas cosas, ya que en ocasiones pienso que en vez de ayudarnos, hay inventos que nos están sustituyendo o consumiendo (con un hijo iniciando la adolescencia te puedes imaginar las peleas que tengo con él a causa del puñetero móvil) Y es curioso, porque soy bastante admirador de la cultura japonesa y sus valores tradicionales, pero después me choca ver esa pasión tecnológica que demuestran.

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