En nuestra sección de "Fracasos de ventas en España", hoy rescatamos a un pequeño rebelde que intentó resucitar el espíritu de los míticos deportivos británicos de los años 60, como el Triumph Spitfire o el MG MGB.
Porque nuestro protagonista no es otro que el Smart Roadster, un vehículo que nació de la idea de que la "inteligencia" de la marca también podía ser divertida, buscando la pureza mediante un vehículo extremadamente ligero, con un centro de gravedad muy bajo y un motor turboalimentado en posición trasera. No sonaba mal, ¿verdad?.
SU PRESENTACIÓN MUNDIAL.
La historia del Smart Roadster comenzó como un concept car presentado en el Salón de Frankfurt de 1999 que dejó a todos boquiabiertos, lo que convenció a la dirección de desarrollarlo para su producción definitiva en 2003.
Bajo la dirección de diseñadores como Michael Mauer y Hartmut Sinkwitz, el Smart Roadster se desarrolló sobre una plataforma ampliada del Fortwo, llegando a los concesionarios en dos variantes de carrocería: el Roadster, con un pequeño maletero trasero tipo sedán, y el Roadster Coupé, con una cúpula de cristal tipo fastback que ampliaba la capacidad de carga. Ambas versiones permitían disfrutar del aire libre gracias a un techo targa desmontable o un sistema de plegado eléctrico de lona.
Bajo la dirección de diseñadores como Michael Mauer y Hartmut Sinkwitz, el Smart Roadster se desarrolló sobre una plataforma ampliada del Fortwo, llegando a los concesionarios en dos variantes de carrocería: el Roadster, con un pequeño maletero trasero tipo sedán, y el Roadster Coupé, con una cúpula de cristal tipo fastback que ampliaba la capacidad de carga. Ambas versiones permitían disfrutar del aire libre gracias a un techo targa desmontable o un sistema de plegado eléctrico de lona.
MOTORIZACIONES DISPONIBLES.
En cuanto a su mecánica, el Roadster compartía gran parte de su ADN con su hermano urbano, utilizando un motor de 3 cilindros y 698 c.c turboalimentado disponible en tres niveles de potencia:
• Roadster 45: La versión de acceso con 61 CV, algo perezosa para el chasis.
• Roadster 60: El equilibrio perfecto con 82 CV que, gracias a un peso de apenas 790 kg, permitía una conducción muy ágil.
• Roadster BRABUS: La joya de la corona, con 101 CV, llantas de 17 pulgadas, escape doble y un interior exclusivo en cuero y aluminio.
UN KART CON MATRÍCULA, PERO CON UN GRAN PROBLEMA.
Según las pruebas de periodistas del motor de la época, conducir un Smart Roadster era lo más parecido a un "kart" matriculable. Su ligereza y configuración técnica permitían sacar sonrisas en cualquier puerto de montaña, ofreciendo sensaciones puras incluso a baja velocidad.
Sin embargo, y en esto también coincidían los periodistas, el coche tenía un gran hándicap: su caja de cambios secuencial de 6 velocidades era desesperadamente lenta, lo que penalizaba las prestaciones y empañaba una dinámica que, por lo demás, era excelente. Además, el modelo ganó mala fama por problemas de estanqueidad, ya que muchos propietarios sufrían filtraciones de agua que empapaban las alfombrillas.
A pesar de ser un coche espectacular visualmente y que también presumía de un consumo homologado de solamente 5,1 litros cada 100 kilómetros, lo cierto es que el Roadster no cuajó en el mercado como lo hizo el Fortwo.
Su principal enemigo en 2003 era su precio. Si bien, la versión básica partía de los 15.400 €, las versiones más equipadas o el Coupé superaban fácilmente los 20.000 €. Por ese dinero, el cliente en España prefería un compacto diésel o un Mazda MX-5, que se percibía como "mucho más coche".
Debido a estos factores y a un mantenimiento delicado del motor, las ventas en España fueron testimoniales. Se estima que se matricularon menos de 1.500 unidades en España durante todo su ciclo comercial (2003-2006). Igualmente, a nivel global, aunque se fabricaron 43.091 unidades, el proyecto fue un desastre financiero para Daimler, que llegó a perder miles de euros por cada unidad fabricada debido a los elevados costes de las reparaciones en garantía.
El Smart Roadster fue un coche adelantado a su época. En un mundo actual dominado por SUVs pesados, este deportivo de menos de 800 kg se siente como un milagro de la ingeniería. Aunque fue un fracaso comercial, el tiempo le ha dado la razón: hoy es un objeto de deseo y un coche de culto cuyos precios en el mercado de ocasión han comenzado a subir, transformando al antiguo "patito feo" en un auténtico clásico moderno.











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