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HISTORIA DE LOS JUGUETES DE UN TREINTAÑERO ADICTO AL MOTOR



Ya tenemos encima la navidad. Ese periodo que a todos nos encantaba cuando éramos unos críos, y no porque nos juntábamos toda la familia y demás, sino porque intentábamos sangrar a los Reyes Magos el mayor numero de juguetes posibles, para que negarlo. 

Pensando en ello, no he podido evitar recordar todos esos juguetes que me hicieron tan feliz en mi etapa de tierna niñez; la gran mayoría relacionados con el mundo del automovilismo. ¡Cómo pasa el tiempo! Por eso, aquellos que amamos este mundo y no hemos tenido más remedio que aceptar que sobrepasamos la treintena de años, creo que se sentirán identificados con el siguiente articulo que he realizado a modo de ficticia biografiá sobre la infancia de un actual treintañero y su relación con los juguetes ambientados en el mundo del automovilismo. Va por todos vosotros, treintañeros del mundo amantes de las cuatro ruedas




Tu primer juguete: el cochecito a pedales

El ginecólogo alucina cuando tras hacer la primera ecografia ya apareces con postura de estar conduciendo un coche de carreras. A tus pocos meses de vida, la única forma que tu madre tiene para que dejes de llorar es ponerte sobre la bandeja de tu silla ese volante al que tanto te gusta darle vueltas para un lado y para otro. Creces, y tu mirada se clava en ese pedazo de bólido que tiene forma de monoplaza en miniatura. Era sin duda, uno de los objetos de deseo de todos aquellos que queríamos aprender a conducir antes que aprender a andar. 

Sin embargo, para poder disfrutar de ellos tenias que ser doblemente afortunado. Primero, para que tus padres tuvieran suficiente pasta para comprarte uno, y segundo que tu casa tuviera espacio suficiente para hacer el loco, porque si no tendrías que esperar a salir a la calle, y eso no era siempre posible.

Otra historia son los posteriores cochecitos eléctricos, que contemplabas con una envidia tremenda, pero que ya tenias que olvidarte de disfrutar por culpa del maldito crecimiento. Ahora comprendes por que Peter Pan no quería crecer nunca.

Llega el Autocross


Te sientes frustrado. Tu cochecito ha pasado a la historia y necesitas nuevas sensaciones. Por suerte, ves un anuncio en la televisión que impacta en tu mente de forma mas letal que los antiguos anuncios subliminales de la Coca – Cola. Quieres un Autocross. Este era un circuito donde tenías que conducir un coche que se movía con un imán que iba debajo. Ponías la llave de contacto y venga dar vueltas y vueltas, hasta que las pilas decían basta o acababas atontado. Además llevaba una palanca de cambios con la que podías aumentar o disminuir la velocidad del cochecito.

Eso si, cuando metías la cuarta, el coche iba demasiado rápido para un circuito tan pequeño y costaba un huevo y parte del otro controlarlo. Al menos, ya comenzabas a hacer tus primeros pinitos en el mundo del drift.

Los Hot Wheels: quiero mas, quiero mas... 




Una vez que ya te sabías circular por el circuito de Autocross con los ojos cerrados, y que ibas descubriendo el mundo exterior y a los coleguitas, necesitabas material para el mundo urbano. Y que mejor que los Hot Wheels. Esoscoches a escala que nos hacían creer mientras jugábamos con ellos que pilotábamos auténticos superdeportivos.

Estas maravillas nacieron a finales de los años 60 como división de Mattel, dedicados a la venta de coches a escala.Su principal función de estos autos es el coleccionismo. Divididos en series, cada año salen a la venta varias decenas de autos, generalmente los "First Edition" los cuales son completamente nuevos y los demás que ya han aparecido en años anteriores aplicándole nuevos emblemas o colores con respecto a los que tenían el año anterior. Hay autos muy extraños (por ejemplo, los diferentes Batimóvil de Batman). Estos últimos suelen ser los más difíciles de conseguir. Los precios varían dependiendo del modelo y la calidad (cabe destacar que hay autos cuyo precio alcanza los 10 dólares)

Los modelos más famosos entre los coleccionistas en la actualidad son la VW Bus de 1996, el VW bug de 1989, el Purple assion de 1989, el Camaro 67 de 1983, el Mustang Mach I de 1998, el Pontiac GTO ‘67 del 2000, la Dairy Delivery de 1999, lo que los vuelve en rentables en cada variación existente.


El vicio del Scalextric y el bocata de Nocilla




Vale, será mejor hacerle caso a tu madre. Ya no tienes edad para estar por la calle jugando a los cochecitos con tus amiguetes. Entonces... ¿ahora que hago?. Llegaba la hora de montarte tu propio Autocross en casa pero a mayor escala.

 Llegaba la hora de adquirir un Scalextric e invitar a todos tus amigos a casa para pasar toda la tarde haciendo carreras por el circuito mientras devorabas junto a ellos esos deliciosos bocadillos de nocilla que preparaba tu madre. Para que negarlo, el Scalextric era altamente adictivo, y lo mejor de todo, es que era casi imposible que algunos de tus amigos no tuviera otro circuito y/o coche, por lo que las posibilidades de crear circuitos más grandes y cambiar vehículos estaban aseguradas.



Los coches teledirigidos


Te haces mayor, y en el puto colegio te mandan tantos deberes que resulta imposible quedar con los colegas para jugar al Scalextric. El poco tiempo disponible se esfuma montando la pista y admites que ya va siendo hora de pasar pagina.

Tus ojos se clavan entonces en los coches teledirigidos. - Siii....- piensas. Hay multitud de vehículos disponibles y multitud de opciones, pero... ¿Cuál comprar?. Son caros y debes elegir bien. Nada mejor que hacer un estudio de la orografía del terreno cercano para averiguarlo. Si vives en un núcleo eminentemente urbano donde el cemento es el protagonista no hay duda; coche de carreras. Pero si vives rodeado de zonas de campo, como era mi caso, mejor un coche de tipo todoterreno que te de la oportunidad de rebasar cualquier obstáculo. Eso si, era un verdadero coñazo tener que ir a ponerlo derecho cada vez que volcaba y cada dos por tres se te iba la paga semanal comprando pilas.


La era de los videojuegos y las peleas con la novia




Empiezas a notar cambios extraños en tu cuerpo. El vello crece en aquellas zonas donde antes no había y el acné se empeña en convertirse en el mejor de tus amigos. Además, tampoco mola nada que María, esa chica de tu clase que tanto te gusta te vea por ahí con un coche teledirigido. Está claro; necesitas intimidad para saciar tu hambre de velocidad. Tal vez, esas cosas que llaman videojuegos estén bien. Los demás compañeros de clase no paran de hablar maravillas de ellos, pero primero tienes que elegir bando: eres de Nintendo o eres de Sega. Complicado elegir; todos tienen juegos atractivos.

Finalmente, te decantas por una plataforma y empiezas a disfrutar de juegos que con el paso de los años pasarán a la categoría de míticos: Out Run, Chase HQ, o Virtua Racing, son solo algunos ejemplos. Eres consciente de que has caído en la trampa. Ya nunca te separarás de tu consola. Jugar en casa te parece poco y necesitas una consola portátil. 




Pero este mundo avanza rápido y Sony saca a la luz la Play Station. Comienzan a surgir grandes sagas como Gran Turismo o Need Ford Speed. Empiezas a salir con María, la cual no para de recriminarte que jugando a la maquinita no eres ese chico maduro que aparentas ser fuera de tu casa y que se siente engañada. La muy puta no para de decirte que pareces un crío ensimismado, todo el día delante de la televisión con el único objetivo de disimular tu frustración de no ser un piloto de carreras. Y sabes que tiene razón, pero a diferencia de lo que ocurría con tu madre, sabes que si renuncias a esto ya no queda un paso nuevo que dar. 

No hay Autocross después del coche de pedales, ni Hot Wheels después del Autocross. Sabes que no hay más peldaños en esta escalera y le haces saber a María que esta relación es, y siempre será un “menage a trois” en la que ella saldrá perdiendo si llega el momento de elegir. No le queda más remedio que aprender a vivir con ello para siempre.

Comentarios

  1. Recuerdos entrañables de juventud!

    Suscribo lo del coche a pedales, el autocross , los teledirigidos (solo que en mi epoca aun no habia radio control y llevaban un engorroso cable) y cuantas monedas no habré echado en las maquinas arcade de los recreativos.
    Ahora sigo pegandole a la consola y a los juegos de conducción.

    Saludos!

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  2. Qué recuerdos, casi todos o los tuvimos mi hermana y yo o los tuvieron mis hijos. Y yo también eché monedas a las máquinas arcade de los recreativos, donde por cierto, la mayoría eran chicos, cosa que no comprendía. Un saludo.

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    Respuestas
    1. ¡¡¡Ja,ja,ja!!! Yo no sé cuántas horas y monedas habré echado en las recreativas mientras me saltaba las clases, hasta que mis notas me delataron y tuve que vencer a la tentación. Y es verdad, normalmente no había chicas, y si las había, era porque estaban viendo jugar a ese chico que le gustaba.

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